PAE Stimulus

Por Beatriz Remacha, responsable de Stimulus Care Services de Stimulus España

 

Desde hace ya un año, con motivo de la declaración del estado de alarma y de la pandemia provocada por el COVID, nos hemos visto obligado a modificar nuestros hábitos y costumbres. Uno de los cambios más drásticos que hemos experimentado se ha producido en la despedida de las personas que han fallecido y que ha tenido una primera consecuencia, la gestión del duelo de los miembros de su entorno afectivo.

La muerte de un ser querido es, posiblemente, una de las situaciones más difíciles a las que nos podemos enfrentar. En este último año hemos tenido que modificar estas despedidas y, en algunos casos, posponerlas para cuando se levanten las restricciones debidas a la gestión de la COVID-19. Nos hemos visto obligados a despedir a nuestros seres queridos sin besos, sin abrazos, sin la compañía de otras personas significativas para nosotros. Tampoco hemos podido celebrar de forma normal los funerales y otros rituales de despedidas y esta situación puede causar un daño psicológico que muchas veces los afectados no saben cómo manejar. Los Programas de apoyo al empleado (PAE) se han convertido, en muchas empresas en el lugar en el que buscar el apoyo para hacer frente a este duelo, y en uno de los motivos de consulta más habituales durante el último año, y un elemento significativo es el rango de edad de acceso al servicio por este motivo, que va desde adolescentes, que han perdido a sus padres o abuelos, a adultos que han perdido a sus padres e incluso a su cónyuge y también existe una gran variedad en la forma en la que los trabajadores y sus familias han llegado a este servicio de apoyo.

Si bien en muchos casos, el primer contacto con un servicio de Apoyo al Empleado se realiza por iniciativa del trabajador que necesita ese apoyo psicológico, en otras ocasiones lo hacen por recomendación de un compañero de trabajo, un familiar directo y/o RRHH de su empresa, lo que da idea de la importancia de la difusión y la comunicación, desde dentro de las organizaciones de este tipo de herramientas de ayuda y apoyo a los trabajadores y sus familias, más aún en momento como el actual, de modo que todos los empleados  lo conozcan y lo integren en su día a día a fin de poder utilizarlo ellos mismos y/o poder recomendarlo a un compañero o familiar directo (cónyuge e hijos)  en un momento de dificultad.

Cómo llegar hasta el Programa de Apoyo al Empleado

Uno de los problemas o dudas que a veces surgen a las personas es cómo llego hasta el Programa de Apoyo al Empleado. La realidad es que hay varias formas. Por ejemplo, M. sufrió durante el confinamiento el fallecimiento de su cónyuge por COVID, y ante las dificultades, tanto personales como profesionales que estaba experimentando, desde el departamento de RRHH de su organización le facilitaron el contacto del PAE con el que la empresa contaba y le animaron a entrar en contacto, a través del medio en el que más cómoda se sintiera, con un psicólogo especializado en el tratamiento de estas situaciones.

En el momento en que M. accedió al servicio se detectaron dificultades para dormir, incredulidad  y confusión, falta de concentración, agotamiento, además de sentimientos de culpa relacionados con pensamientos respecto a que podría haber actuado diferente para prevenir el contagio por Covid de ese familiar; sentimientos de rabia fundamentalmente por la ausencia de información en algunos momentos, las dificultades para despedirse, el distanciamiento físico de sus familiares de apoyo por la situación actual y las condiciones del propio funeral.

Para M. fue un fallecimiento totalmente inesperado y se encontraba en shock en el momento de la primera llamada, con una mezcla de emociones, admitiendo sentirse en una montaña rusa de emociones desagradables y con un gran sentimiento de soledad y de miedo hacia el futuro, sobre todo de cara a sus hijos y a la reincorporación al trabajo y los comentarios/ reacciones de compañeros/clientes. M. comenta “no sé cómo hacer o cómo comportarme para que mis hijos no sientan tanto la ausencia, pienso que si pudieran compartir algunos momentos con mis familiares podrían estar mejor, pero las restricciones actuales no lo permiten y eso también me agobia porque de algún modo hace que no tenga momentos para permitirme estar mal”.

Desde el servicio de apoyo psicológico, en un primer momento se realizó una escucha activa y empática sin emitir juicios de valor, ni interrumpir la narrativa de M, creándose un clima adecuado para que pudiese abrirse emocionalmente, expresar y validar su pena, rabia, indignación, dolor y miedo.

En esta primera llamada, también se realizó una psicoeducación del proceso de duelo que consiste en normalizar la situación, facilitando información sobre el proceso en sí, las diferentes fases del duelo así como la sintomatología asociada, considerando las peculiaridades en la pandemia actual. Además, se normalizaron emociones, indicándole que se trataba de una respuesta normal, ante una situación anormal.

En una segunda sesión M, comenta que salir a la calle le genera mucha ansiedad y observar comportamientos alejados de las indicaciones sanitarias por parte del resto de personas (llevar la mascarilla bajada, juntarse en grupos) incrementa su hostilidad, afirma “odiar a la gente” y tiene pensamientos constantes sobre lo injusto de la situación, la falta de humanidad y el dolor que está experimentado. Además, refiere agobiarse en lugares públicos como el supermercado, el transporte público y tiene miedo intenso a que ella o sus hijos se puedan contagiar por lo que está comenzando a evitar las salidas.

El objetivo del trabajo de los profesionales frente a una situación como la que se les plantea es reforzar las pautas y estrategias trabajadas en las sesiones anteriores, para favorecer la expresión de emociones algo reprimidas al inicio y la re-organización entre el permitir el acceso a los recuerdos dolorosos y la recuperación de actividades placenteras a fin de favorecer la activación conductual.

Los Programa de Apoyo al Empleado, fundamentalmente en una situación como la que vivimos actualmente que no permite una despedida tradicional y que dificulta el apoyo entre familiares y amigos, se han convertido en un elemento muy importante para el acompañamiento a personas en duelo por psicólogos especializados, que favorezcan el propio proceso del duelo y eviten o minimicen:

  • La posibilidad de duelo patológico o duelo cronificado con sintomatología más aguda en el paso del tiempo.
  • Enquistamiento del trauma.
  • Sentimiento de culpa asociado a pensamientos irracionales (poder haber hecho algo para evitar el contagio/fallecimiento, por no haberse podido despedir…)
  • Bloqueo del ritual de despedida o ausencia de este.
  • Incremento de sentimientos de indefensión.
  • Incremento de irritabilidad, hostilidad.
  • Abandonado de actividades o cuidado personal por no encontrar la motivación suficiente para llevarlas a cabo.
  • Disminución de relaciones sociales y pérdida de apoyos emocionales.
  • Prolongación de la baja laboral y/o disminución de la productividad.

 

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